Teletrabajo, videollamadas, mascarilla… ¿cómo afecta la crisis del coronavirus a las personas con sordera e hipoacusia?

Desde que el pasado mes de marzo se decretó en toda España el estado de alarma son millones las personas que desde el confinamiento en sus hogares han tenido que adaptarse a una nueva realidad. El teletrabajo, la telemedicina, las videollamadas como método de reunión primordial para lo laboral pero también para lo personal o la educación a distancia se han convertido en parte de las rutinas diarias. Pero, ¿cómo está afectando esta forma de relacionarnos a las personas con sordera e hipoacusia? ¿está perjudicando todavía más su accesibilidad a la información, el sistema sanitario y/o el educativo?

La organización AG Bell International, que trabaja para mejorar la vida de las personas con sordera o hipoacusa, se está esforzando durante estos días de crisis sanitaria por reclamar medidas para paliar este problema porque “la accesibilidad, que es un derecho, en estos difíciles momentos no es ni mucho menos total” y por aportar soluciones prácticas para ayudar a reducir este desequilibrio, teniendo en cuenta que hasta que se encuentre una vacuna para la Covid-19 es muy probable que vuelvan a repetirse otros periodos de confinamiento.

Aunque resulta complicado cifrar el número exacto de estudiantes con problemas de audición en España, si se aplican datos de prevalencia de los países de nuestro entorno sobre la pérdida auditiva en la población de edad comprendida entre los 5 y los 24 años a la población de esa edad en nuestro país (datos del INE 2019), el número ascendería a casi un millón y medio.

“Hay niños en edad preescolar que han sido diagnosticados pronto y están siguiendo las teleclases con bastante normalidad, pues a estas edades todos tienen a su lado a sus padres” señala Carmen Abascal, directora de AG Bell International. Algunas de las principales medidas que deberían utilizarse para mejorar su acceso a las clases online pasan por “utilizar sistemas de entrada directa de audio a sus implantes y micrófonos remotos que se conectan con el ordenador y trasmiten el sonido inalámbricamente, también utilizar transmisores para la televisión y equipos multimedia que transmiten inalámbricamente el sonido desde el ordenador o tablet... son de gran ayuda si son personas que hacen buen uso de la audición que les proporcionan las prótesis. Los videos subtitulados son deseables en todos; además, los estudiantes que precisan de lectura labial necesitan el uso de aplicaciones de conversión de voz en texto”, añade.

El problema, en muchas ocasiones, se complica aún más a causa de la brecha digital: “Además de la pérdida auditiva, en muchos hogares no se cuenta con los recursos tecnológicos necesarios, como ordenador, tableta, y conexión a internet, o incluso cuando sí los hay, puede que sólo haya un dispositivo y que lo esté usando el padre o la madre para teletrabajar porque la empresa no se lo ha proporcionado”, incide Abascal.

Según datos recogidos por el Instituto Nacional de Estadística (INE) el pasado año un 10% de los menores ente 10 y 15 años no usa nunca un ordenador (esto representaría alrededor de 300.000 jóvenes). En secundaria los problemas se acrecientan: menos de la mitad de los estudiantes en España usan el ordenador con fines educativos, un 40% de los jóvenes solo tiene habilidades digitales básicas y un 16% no tiene ninguna competencia informática.

Por supuesto, no son los únicos afectados ya que esta situación empeora en las personas mayores perjudicando, sobre todo, su acceso a la atención sanitaria o temas relacionados con su asistencia social. Según el INE un 41% de las personas con edades comprendidas entre los 65 y los 74 años no dispone ni de una sola competencia informática. Cuando estos mayores tienen acceso a internet pero cuentan con una discapacidad auditiva “si no pueden hablar por teléfono ni utilizar videollamadas habría que habilitar chats en los que la comunicación sea escrita”.

En el terreno laboral, AG Bell también propone diferentes estrategias a la hora de mejorar la accesibilidad para personas con sordera o hipoacusia en reuniones a distancia. Muchas de ellas se sienten abrumadas ante la posibilidad de que no puedan seguir el ritmo en una reunión grupal o bien realizar una presentación a un cliente con plena seguridad.

“Lo primero que se debe hacer es situarse en un lugar bien iluminado, encender la cámara y colocarse en una posición en que se vea un buen primer plano. Hay que tener en cuenta que el audio es tan importante como el que nos vean. Por lo que es preciso usar auriculares de calidad con micrófono y tener en cuenta las aplicaciones que cancelan el ruido de fondo. Conviene que se envíe por correo previamente el orden del día y que, para mantener los turnos de intervención, se aprenda a pulsar rápidamente el botón de silencio y, tras la reunión, enviar un correo a los asistentes con un breve resumen de la reunión y que se comparta. También habrá que informar de que se tienen problemas de audición y cómo se puede facilitar la comunicación”, explica la directora de la organización.

Cuando las mascarillas que no permiten leer los labios

Fuera del entorno del hogar, muchas personas con problemas auditivos se han encontrado también durante estas semanas con serias dificultades para comunicarse en situaciones tan cotidianas como ir a la compra o al médico, al no poder leer los labios si su interlocutor lleva mascarilla puesta. Ya empiezan a surgir algunas iniciativas que intentan solventar este obstáculo. En Indonesia, por ejemplo, el Movimiento para el Bienestar de los Sordomudos (Gerkatin) reparte ya mascarillas confeccionadas con tela de algodón y plástico transparente para que los labios sean visibles. Dentro de nuestras fronteras grupos como #YoMePongoACoser fueron pioneros en la comarca gallega de O Val Miñor de la confección de este tipo de mascarillas.

Por su parte, la empresa andaluza Higienicall acaba de sacar al mercado un nuevo modelo de ‘mascarillas invisibles’ bautizado como Maskall, que permite prevenir contagios al mismo tiempo que “facilita una relación más humana entre las personas”. Realizadas con material transparente que se ajusta a la cara y cubre nariz y boca sin ocultarlas, sus creadores afirman que se trata de un producto cien por cien seguro, fabricado con material homologado de alta calidad y propiedades antibacterianas “dirigido a aquellos sectores en contacto directo con el público como restaurantes, colegios, hoteles o supermercados y especialmente útiles para la comunidad personas sordas y mudas que necesitan leer los labios y utilizar expresiones faciales para comunicarse”.

Desde AG Bell recuerdan que las pantallas protectoras para toda la cara o la utilización de un soporte para leer y escribir - como papel y lápiz, bloc de notas en el móvil, aplicación conversión voz texto en el móvil o pizarras mágicas- son otros recursos muy socorridos a la hora de enfrentarse a estas situaciones. “En todo caso y situación, se debe tener en cuenta que la distancia disminuye la relación señal ruido y el mensaje es menos audible, lo cual ya es una dificultad; y también que las pantallas y el plástico de las mascarillas afectan a la calidad acústica aunque permitan leer los labios”, insisten desde la institución.

Una de las mascarillas transparentes de Maskall
Una de las mascarillas transparentes de Maskall.
CORTESÍA HIGIENICALL

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