Doce consejos para abordar con los niños la pérdida de un ser querido

La muerte de un ser querido es uno de los golpes más fuertes a los que se puede enfrentar cualquier ser humano. Cuando un niño o un adolescente pierde a una persona importante en su vida pueden surgir sentimientos de confusión, miedo, rabia y también comportamientos dirigidos a llamar la atención de los adultos que le rodean.

“Los niños no suelen expresar el dolor, la tristeza o la pena por la pérdida como los adultos. Lo habitual es que estos sentimientos se expresen a través de cambios en el carácter, irritabilidad o disminución del rendimiento escolar, especialmente en los niños más pequeños”, señala la Asociación Española Contra el Cáncer en la publicación Cómo viven los niños la pérdida de un ser querido.

La edad y el desarrollo cognitivo y emocional de cada niño desempeñan un papel fundamental en la interpretación y comprensión de la muerte. Hasta los tres o cuatro años no suelen comprender su significado y en torno a los cuatro la muerte es algo similar al sueño, no la asocian a algo definitivo - mantienen la esperanza de que la persona fallecida vuelva o es frecuente que expresen que hablan con ella-.

 A partir de los siete u ocho años viven la pérdida de forma muy similar a los adultos pero perciben el paso del tiempo de forma diferente, por lo que las etapas del duelo suelen pasar más rápidamente. Para los adolescentes, suele resultar un acontecimiento muy difícil de superar que suele ir unido a comportamientos y formas de expresar las emociones más extremas. Por eso, es sumamente importante ponerse en su lugar y conocer cómo afrontar con ellos estos duros momentos.

¿Cómo explicarle la muerte de un ser querido a un niño o adolescente?

Los expertos coinciden en que tanto niños como adolescentes deben participar, como el resto de miembros de la familia, del proceso de despedida y duelo. Es importante hablar con ellos, dejar que expresen sus emociones y, si así lo desean, participar en el funeral y otras conmemoraciones. Todo ello les hará sentir parte fundamental de la familia.

Comunicarle la noticia cuanto antes

No conviene esperar días y mucho menos semanas para comunicar la noticia al niño. Los niños tienen mucha imaginación y tienden a la fantasía, lo que podría llevarles a desarrollar miedos y sentimientos de culpa que podrían enquistarse y de los que podría costarles mucho tiempo recuperarse. Hay que buscar un momento tranquilo y sin interrupciones para contarle lo que ha pasado. Dejar que exprese lo que desee pero no forzarle si se nota que no quiere hacerlo en ese momento.

Transmitirle cariño y seguridad

Sea cual sea la reacción del niño ante la noticia -algunos pueden volverse más dependientes y otros todo lo contrario- hay que transmitirle seguridad, hacerle sentir que no está solo y que estamos ahí para cuando necesite desahogarse o hablar del tema. En el caso de que la persona que haya muerto sea uno de los progenitores, es normal que uno de sus principales miedos sea perder al otro.

Hablarle de una forma sencilla y con claridad

Hay que utilizar palabras y frases adecuadas a cada edad y su capacidad de comprensión. Atender a sus preguntas y explicarle cómo se ha producido la muerte si lo necesita saber. Es completamente contraproducente usar expresiones del tipo 'se ha ido de viaje', fingir que no ha pasado nada, que la vida no va a cambiar o resistirnos a usar palabras como 'muerte' o 'morir'.

Animarle a compartir su dolor

Adiós a expresiones como 'no llores', 'no estés triste', 'no te preocupes, todo pasará'... Hay que animar al niño a expresar lo que siente ya que le ayudará a entender que es normal lo que le pasa y a sentirse comprendido. Algunos niños podrían llegar a pensar que la muerte de ese ser querido podría deberse a un mal pensamiento o una mala acción que tuvieron con él en el pasado. En ese caso hay que quitarle de la cabeza cuanto antes cualquier sentimiento de responsabilidad en el desenlace.

Dejar que se despida

Hay que dejar que el niño, si así lo desea, participe en la despedida de su ser querido: asistir al entierro, poner una flor o un dibujo en un lugar especial, encender una vela... Participar en el entierro u otros actos le ayudarán a comprender qué es la muerte y a despedirse.

Consejos prácticos para ayudar al niño

La AECC ofrece una serie de consejos prácticos que pueden ayudar al niño y adolescente a abordar la pérdida de un ser querido y procesar sus sentimientos. Ayuda, sobre todo, mantener las rutinas y recuperar de forma progresiva el ritmo de vida habitual.

Conservar las rutinas

Hay que intentar, en la medida de lo posible, respetar los horarios de sueño, una alimentación sana, las costumbres y normas que existían antes de la muerte del ser querido. En un momento emocionalmente inestable para el niño o el adolescente, seguir estas rutinas aporta estabilidad.

Recuperar la vida cotidiana

Todos los expertos indican que lo que más puede ayudar a un niño tras la muerte de un ser querido es volver cuanto antes a su vida habitual: colegio, citas con amigos, reuniones familiares, extraescolares... En estos momentos se hace necesaria también la ayuda y comprensión por parte de sus profesores.

Fomentar el juego

La mezcla entre realidad y fantasía que tienen los juegos "les permite manejar su dolor y determinados hechos que de otra forma son difíciles de asumir", dicen desde la AECC. En estos momentos más que nunca, conviene participar de los juegos del niño y permanecer atentos a los comentarios que hacen mientras los realizan. Estos pueden ser un buen punto de partida para poder abordar las emociones que le asaltan.

Pasar tiempo con el niño

En la medida que sea posible hay que intentar pasar el mayor tiempo posible con el niño y planificar actividades que le ayuden a evadirse, relajarse y sentirse más seguro. No conviene dejarles mucho tiempo en casa de familiares y amigos, ya que sobre todo necesitan como apoyo a su referente más cercano. En los momentos en que nosotros mismos estemos muy afectados, busquemos personas de confianza.

Recordar los buenos momentos

Seguir hablando del ser querido que ha fallecido con naturalidad y, sobre todo, recordar los buenos momentos vividos junto a él pueden ser la mejor de las terapias para superar el dolor. Ver fotografías o vídeos de viajes y celebraciones, escuchar canciones que le gustaban o leer alguna carta o mensaje que nos haya dejado ayudan a conectar de nuevo con esa persona. No conviene deshacerse de fotos, objetos personales, recuerdos... Guardar parte de ellos en algún lugar para cuando el niño necesite recurrir a esos recuerdos.

Señales de alerta

Existen determinadas señales que si se prolongan durante el tiempo deberían alertarnos para buscar la ayuda de un profesional especializado que ayude al niño a sobrellevar este proceso de duelo:

- Llanto frecuente y continuo.

- Rabietas y pataletas frecuentes y prolongadas.

- Comportamiento más infantil del habitual (hacerse pis por la noche, pedir ayuda para comer, vestirse, lenguaje de bebé...).

- Apatía y desgana. Pérdida de interés por las actividades habituales.

- Irritabilidad constante.

- Alteraciones del sueño (insomnio, pesadillas, terrores nocturnos...).

- Miedo a quedarse solo.

- Problemas escolares: peor rendimiento escolar, falta de asistencia a la escuela, incapacidad para concentrarse y prestar atención en clase...

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