Cómo ayuda la fisioterapia en los problemas de incontinencia

Las pérdidas de orina son algo que sufren a menudo las mujeres, sobre todo a partir de una determinada edad o después del parto. Esta incontinencia, que puede ser de varios tipos y grados, está causada por una disfunción del suelo pélvico, que es el conjunto de músculos, ligamentos y fascias que cierran la pelvis en su parte inferior y que tienen como funciones sostener distintos órganos (vejiga, útero y recto), asegurar el cierre de los esfínteres uretral y anal y mantener el tono vaginal.

Eso implica que las perdidas de orina sean solo la punta de iceberg y que, a menudo, estas pérdidas vayan acompañadas de otros síntomas como dolor perineal, estreñimiento e incluso molestias en las relaciones sexuales.

Sin embargo, todos estos síntomas no tienen por qué deteriorar la calidad de vida de los pacientes si se atajan a tiempo, y en esto juega un papel muy importante la fisioterapia del suelo pélvico, una disciplina aún no muy desconocida. Para hablarnos de ella y de cómo puede ayudarnos, hablamos con Elena Valiente, Fisioterapeuta especializada en suelo pélvico, Obstetricia y Ejercicio terapéutico. 

Cuándo nació esta fisioterapia y en qué consiste

En las últimas décadas, se habla mucho de los Kegel, un grupo de ejercicios que diseñó un ginecólogo para fortalecer la zona del suelo pélvico, “alrededor de 1940 el ginecólogo Arnold Kegel trató de mejorar los problemas de incontinencia de sus pacientes sin necesidad de recurrir a la cirugía a través de los famosos Kegel, que consisten en realizar contracciones voluntarias de la musculatura del suelo pélvico con el fin de mejorar la fuerza muscular. Además, para controlar la presión de contracción en el interior de la vagina, el doctor inventó un instrumento llamado perineómetro de Kegel, que dio pie a que la medicina empezara a preocuparse por un campo que hasta ese momento era un gran olvidado”, nos cuenta Elena.

Sin embargo, esta preocupación se quedó ahí hasta varias décadas después, pues no fue hasta “finales de los años 70, principios de los 80, cuando ya empezaban los primeros fisioterapeutas a aplicar técnicas manuales e instrumentales para mejorar síntomas como la incontinencia urinaria, o los descensos de órganos (prolapsos)”. En los últimos años, las técnicas fisioterapeutas se han perfeccionado mucho y esta especialidad cuenta con muchos medios para ayudar a los pacientes a “restablecer la funcionalidad del suelo pélvico con el fin de mejorar o aliviar los síntomas del paciente”, que es el objetivo principal de este tipo de fisioterapia.

¿Cómo es un tratamiento de fisioterapia para el suelo pélvico?

En función de los problemas y la afectación, se elegirán unas técnicas u otras para restablecer la funcionalidad del suelo pélvico, que van desde “la terapia manual, la electroterapia, el biofeedback, la gimnasia abdominal hipopresiva, la radiofrecuencia, bolas chinas… y un largo etcétera. Para elegir la más adecuada es fundamental realizar una correcta anamnesis y exploración para elegir el tratamiento más correcto”, asegura Elena. El diagnóstico se hace a través de un amplio cuestionario sobre los síntomas y el estilo de vida del paciente, como la frecuencia de la micción, si existen dolores o molestias, el tipo de trabajo y ejercicio físico que desempeña, su historia ginecológica… También es muy importante realizar una exploración física, que consiste en valorar de manera visual y palpatoria el estado de los músculos del suelo pélvico. A partir de ahí, se elegirán las técnicas más adecuadas.

Entre las técnicas más utilizadas podríamos destacar:

•Técnicas manuales. Los que realiza el fisioterapeuta directamente con sus manos con el objetivo de fortalecer la musculatura del suelo pélvico. Entre estas técnicas se encuentran en masaje perineal -muy usado para preparar el suelo pélvico de cara al parto-; miofasciales, para para devolver la funcionalidad a los músculos del suelo pélvico; o las osteopáticas, para tratar lesiones osteoarticulares tipo pubalgia, coxalgia…

•Electroestimulación. Esta estimulación se lleva a cabo con la ayuda de una sonda intracavitaria (vía vaginal o vía rectal) y unos electrodos adaptados a la zona. No es dolorosa y es muy efectiva.

•Biofeedback. Consiste en realizar un registro manométrico para que el paciente pueda visualizar la intensidad y duración de las contracciones perineales. Esto ayuda sobre todo a ver la evolución del tratamiento.

•Gimnasia abdominal hipopresiva. Puede realizarse de manera individual o grupal y consiste en una serie de técnicas, ejercicios y posturas que, practicadas en apnea (sin respirar unos segundos) provocan una contracción refleja de la musculatura abdominal profunda (transverso del abdomen) y del suelo pélvico, mejorando su tono y su funcionalidad. Además, ayudan a mejorar el aspecto del abdomen y a reducir cintura.

•Técnicas comportamentales. Esta es una parte esencial del tratamiento, pues depende al 100% de los pacientes. Mediante estas técnicas, se ayuda al paciente a ser consciente de las que cosas que hace en su vida diaria que perjudican su suelo pélvico, como determinadas posturas, ejercicios, estreñimiento. En este sentido, Elena Valiente habla de “reeducación del suelo pélvico, ya que es muy importante que la paciente aprenda a controlar esa zona de su cuerpo, que en la mayoría de los casos es tan desconocida. No basta solo con mejorar síntomas y fortalecer si el paciente luego no es capaz de integrar su suelo pélvico en actividades del día a día, como al cargar pesos, al estornudar o simplemente contraerlo con cierta regularidad para que no se debilite y ocasione alteraciones tan frecuentes como los escapes de orina, gases e incluso heces; caída de órganos, o incluso dolores en la zona lumbopélvica. Y es que, en muchas ocasiones se asocian a problemas en la columna y nadie se para a pensar que puede que venga de un problema en la musculatura perineal y/o abdominal profunda”.

Por este motivo, el tratamiento para fortalecer el suelo pélvico y evitar las pérdidas de orina, no termina con las visitas al fisioterapeuta, sino que, en realidad, no ha hecho más que empezar, pues las rutinas deberán permanecer de por vida en el día a día de los pacientes. “Además de pautarle ejercicios para mantener un buen tono del suelo pélvico, como pueden ser los famosos ejercicios de Kegel o el uso de bolas chinas; es muy importante que la paciente conozca y evite conductas que pueden dañar su suelo pélvico, como puede ser el sobrepeso, el uso prolongados de tacones, algunos deportes de impacto, empujar con el abdomen durante la defecación… “, advierte Elena.

¿Cuándo acudir a un fisioterapeuta del suelo pélvico?

No hace falta esperar a tener pérdida de orina para acudir a valorarse el estado del suelo pélvico, pues la prevención es la mejor medicina también para el suelo pélvico. Por eso, Elena Valiente recomienda que se acuda “al menor síntoma por pequeño que sea, como escapes de orina al toser, estornudar, antes de llegar al WC, si tiene dolor al introducir un tampón o la copa menstrual, en las relaciones sexuales, dolor perineal, problemas para retener los gases, sensación de pesadez en la vagina, etc.”. Además, destaca tres momentos claves para el suelo pélvico en la vida de las mujeres: en el embarazo (e incluso si programan su gestación, antes de la misma), en el postparto (pasada la cuarentena) y en la menopausia.

Si acudimos al menor síntoma, e incluso con disfunciones más avanzadas, la fisioterapia puede resultar muy eficaz “no tenemos tratamientos infalibles, ni que ayuden a todo el mundo por igual, pero lo que sí podemos afirmar es que cualquier persona que no tenga alterada su capacidad intelectual, se puede tratar del suelo pélvico con independencia de la edad, y en un 80% de los casos mejoramos la sintomatología y, en consecuencia, la calidad de vida de nuestros pacientes”, asegura Elena.

Para que estos problemas se resuelvan es muy importante que terminemos con los tabús en torno a esta zona de nuestro cuerpo, “aunque cada vez son más las personas que han escuchado hablar del suelo pélvico, aún sigue siendo un tema tabú, por eso es importante que la sociedad empiece a dejar de normalizar síntomas tan frecuentes como los escapes de orina o dolor en las relaciones sexuales. La clave está en la educación, tratar estos temas desde una edad temprana con normalidad y, sobre todo, acudir a los profesionales sanitarios para que también ellos empiecen a darle la importancia que se merece”, concluye. 

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