Que no nos quemen la vida


Por: Manfredo Kempff - Escritor                                                                                                                                                                                                                                             
Los incendios en la Chiquitania, que siguen destruyendo bosques y pastizales, son como una premonición de lo que nos espera a los cruceños si no nos unimos frente al MAS en las elecciones de octubre próximo.

No es mi deseo utilizar argumentos apocalípticos, tan frecuentes en épocas de desgracias, pero estemos convencidos de que, si se le da la oportunidad de gobernar durante un período más a S.E., habremos cometido el peor error de nuestras vidas, porque quemaremos nuestro futuro.

Digo que lo sucedido en la Chiquitania puede ser premonitorio, una alerta a los cruceños, porque hasta el menos avisado se da cuenta de que Santa Cruz es un incordio para el régimen.

Y no solo para el régimen sino para la filosofía pachamamista andinocentrista y colonizadora, en busca de expansión y dominio, que desde tiempos inmemoriales siempre se ha encontrado con la oposición férrea de los cambas, de esos mestizos de españoles con chiriguanos que se resisten cerrilmente a ser sometidos, sin renegar a ser bolivianos.

Ojala que Bolivia entera esté unida frente a S.E. en las elecciones de octubre, pero desde luego que los cruceños deberemos de estarlo.

Por diversos motivos desafortunados sabemos que Oscar Ortiz y Carlos Mesa se han alejado al extremo de hostilizarse, extraviando la brújula.

Lo hemos dicho ya desde estas páginas, que se ha perdido el rumbo en cuanto a quién es el adversario a derrotar, mientras los candidatos opositores se han embarcado en una lucha terrible para ocupar el segundo lugar y cederle la presidencia en bandeja de plata a S.E.

Si es así ya tendremos mucho tiempo para arrepentirnos y para recordar lo que nos sucedió hace cinco años, cuando, por una actitud similar, le dejamos los dos tercios al MAS, es decir la soga para ahorcarnos.

El sociólogo Ricardo Calla Ortega, a quien no tengo el gusto de conocer, y que además no es camba, manifiesta con absoluta claridad en un diario paceño que: “si el régimen de Evo Morales logra prorrogarse en el mando gubernamental a través de las elecciones del 20 de octubre de este año, lo que vendrá a continuación es la liquidación definitiva del proyecto autonomista cruceño…”

Y agrega que: “Por la vía de copar con masas de colonizadores el territorio chiquitano arrasado por las llamas – y sacando con pericia y oportunismo ventajas políticas a los incendios en curso –, el régimen de Evo Morales se estaría así orientando a transformar demográficamente el departamento de Santa Cruz para subordinarlo al proyecto hegemónico de un MAS, que desde sus inicios como gobierno, se puso como meta tomarse para sí el poder político en las tierras bajas de Bolivia”. Y esto como remate: “El incendio del bosque chiquitano podría ser el preludio de la quema del autonomismo y el pasado cruceños y de su historia camba”.

Eso sí, ya es apocalíptico y cada quien puede tomarlo como mejor le parezca, pero, para mí, Calla tiene razones muy valederas. Si vemos lo sucedido en Pando, cuando el régimen se sacó de encima de forma canallesca a Leopoldo Fernández, para poblar el departamento de masistas collas y desde entonces arrasar en las elecciones, es bueno poner las barbas en remojo. Sucede lo mismo con Beni, donde también se deshicieron tramposamente de Ernesto Suárez, pusieron a un gobernador “trucho” y ahora en Beni, según las encuestas, el MAS gana.

No cabe duda de que Santa Cruz va por el mismo camino, que está siendo avasallada diariamente, y que es el gran trofeo que buscan los masistas para perpetuarse en el poder. Entonces debemos de dejarnos de viejos rencores, de roces de campaña, ampliar la visión, y evitar que los dos principales candidatos opositores, se estrangulen mutuamente porque, de ser así, ya sabemos lo que nos espera. De mantenerse esa fobia, le estaremos entregando a S.E. la cuerda para que nos ahorque en el último árbol que quede en pie en la Chiquitania.