Los ángeles de Chaparina



Por: Pablo Solón - Fundación Solón                                                                                                                                                                                                                                                                                                                        
Sacha Llorenti trastabilla “Eh, eh”. Con una ligera sonrisa responde “sobre ese tema, la respuesta la tiene que dar la justicia”. 

Los gases lacrimógenos empiezan a llover sobre el campamento. La confusión, el temor y la ira se apoderan de los marchistas que desde hace 41 días caminan hacia la sede de gobierno en rechazo a la construcción de la carretera que dividirá en dos el Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS). ¡Al Ataque, fuego! Son las 17:20 del 25 de septiembre de 2011. 

Un niño se desmaya por los gases. Su hermanita no sabe que hacer. A pocos metros tumban a un hombre con un palo de madera. El marchista trata de levantarse cuando cuatro policías lo agarran a patadas. ¡Indio de mierda! Su diente vuela por el aire. Un hilo de sangre recorre su garganta. 

422 efectivos de la policía destrozan las carpas y saquean los pocos víveres de los marchistas. Mujeres y hombres son amarrados de pies y manos con cinta adhesiva cual si fueran ganado. Algunos tratan de resistir. Las piedras y los arcos y flechas nada pueden contra los balines, el gas y la furia de los policías. Algunos logran escapar y refugiarse en el monte. Otros son arrastrados u obligados a saltar como conejos con los pies amarrados. Uno de los marchistas se coloca de rodillas cuando un policía lo jala de los pies para amontonarlo junto a otros prisioneros.

Una madre busca a su bebe. Un policía la agarra fuertemente del brazo. No hay explicación que valga. Ella trata de escaparse mientras el policía le grita: ¡Eres una perra, por qué traes a tus hijos aquí! Para que la madre no continúe gritando otro policía la amordaza con scotch. La represión alcanza a niñas, niños, mujeres embarazadas, adultos mayores e incluso personal de salud que acompaña la marcha. 

En el camino entre San Borja y Yucumo aguardan varias camionetas de la policía y cuatro buses que fueron contratados el día de ayer. Uno de los marchistas es subido cual costal de papas mientras su hijo es llevado por una mujer policía que tiene lágrimas de vergüenza en los ojos. Una marchista impotente pregunta ¿Por qué nos hace esto nuestro gobierno?

A las 19:00 horas comienza la reunión de gabinete político en la residencia presidencial. El ministro de gobierno Sacha Llorenti explica como se está llevando con éxito la evacuación de los marchistas. Álvaro García Linera propone que los ministros viajen a los distintos departamentos para hacer control de daños. Evo Morales se comunica por celular con el comandante de la Fuerza Aérea para que disponga de aviones para trasladar a los marchistas. 

Los buses parten con los detenidos maniatados e incomunicados. A todo aquel que intenta comunicarse le quitan su celular. Una multitud bloquea la carretera. Están indignados por la represión y no dejan que ingresen los buses a San Borja. ¡Aquí no van a entrar! Las mujeres que bloquean el camino arrojan piedras. Los policías responden con gases. En medio de la confusión jóvenes de San Borja ayudan a escapar a algunos marchistas. A las 21:30 los policías deciden que los buses partan de vuelta a Yucumo desde donde continúan viaje hacia el aeropuerto de Rurrenabaque. Allí, la población, anoticiada de los hechos, comienza a organizarse para liberar a los marchistas. Una representante de la Cruz Roja ingresa a ver a los detenidos que han llegado a las 4:00 am y realiza suturas a una niña de ocho años y a otra persona de edad. La noticia indigna a la población que decide tomar el aeropuerto para que no salga ni aterrice ningún avión. 

Espontáneamente los marchistas comienzan a entonar el Himno Nacional. La población congregada en el aeropuerto está decidida: ¡De aquí no se los van a llevar! Armados de palos y ramas logran ingresar a la pista después de sufrir una gasificación. Un avión se aproxima. Los pobladores colocan llantas, turriles y todo lo que encuentran a su paso para evitar que el avión aterrice. El avión se da media vuelta. Los policías no tienen alternativa, y les dicen a los prisioneros que se vayan, pero por la puerta de atrás. 

Son las 8:00 am del 26 de septiembre, las imágenes de la brutal represión están en todos los noticieros. La Ministra de Defensa, Cecilia Chacón, renuncia expresando su desacuerdo con la intervención a la marcha. Sacha Llorenti aparece en la televisión diciendo: “En caso de que se haya producido algún tipo de abuso en el uso legal y legítimo de la fuerza pública, por supuesto ese abuso va a ser procesado y será debidamente sancionado… Recalcar, reiterar que la acción que se ha llevado a cabo adelante era una acción con el único propósito de evitar que haya un enfrentamiento entre civiles”. Al día siguiente, Sacha Llorenti cambia su versión para estar a tono con la declaración del presidente Evo Morales que dice que no dio la orden y que califica de “excesos” a las acciones represivas de la policía. La indignación de la opinión publica está en plena ebullición. En la noche de ese 27 de septiembre Sacha Llorenti renuncia como Ministro de Gobierno diciendo que está “dispuesto a cualquier sacrificio por éste proceso revolucionario”. Casi un año después, el 5 de septiembre de 2012, el presidente Evo Morales lo nombra embajador ante las Naciones Unidas. 

Han pasado 8 años y hasta ahora la violenta represión a la marcha indígena en defensa del TIPNIS continúa en la impunidad. 

A finales de los ochenta Walter Solón Romero dibujó la serie “El Quijote y los Ángeles” al comprobar el cinismo de los militares que no se acordaban de los crímenes de la dictadura. El mensaje de esta serie es muy reflexivo: todo el aparato de la impunidad es impotente cuando la memoria se apodera de la gente.

La presente narración está basada en el informe de la Defensoría del Pueblo respecto a la violación de los derechos humanos en la Marcha Indígena (noviembre 2011) y en declaraciones y testimonios de personas que presenciaron los hechos que aquí se relatan.