Desastre es más que emergencia, eso es claro


Por: Carlos Valverde - Periodista                                                                                                                                                                                                                                      
El triste momento que vive especialmente el departamento de Santa Cruz, donde se concentra el 60% de las quemas del país, genera reacciones, molestias, protesta, desencantos y hasta amenazas de gente del Gobierno que asegura que “ya habrá tiempo de sacarle la mugre” a quienes no piensan que Morales Evo esté haciendo bien las cosas. Es un hecho del que no hay que extrañarse, no solo por la torpeza del que lo dice, sino porque es muy posible que ello ocurra, situación que no debe llevar a nadie a asustarse, ya que, si de cumplir amenazas violentas se trata, el Gobierno puede cumplirlas.

Si se tratara de “otras amenazas”, como hacer bien las cosas, ahí sí uno puede pensar que tal cosa no ocurrirá, pero son gajes del oficio, de manera que paso al tema principal que es esta particularísima visión que tiene la Senadora Salvatierra (el Gobierno), para mantener la idea de la no Declaratoria de Desastre Nacional por los incendios del pulmón boliviano que, a su vez, es parte del pulmón del mundo; es decir, la selva amazónica en sus diversas localidades y reservas.

Pensar que, si están llegando pequeñas ayudas de países y organismos internacionales porque hay una “declaratoria de emergencia” y que, por ello no es necesario declarar desastre nacional, es no dimensionar en su magnitud el problema y es fundamentalmente ponerle al asunto un sesgo político que intentan tapar con el conteo diario de incendios, sin detenerse a pensar lo que de verdad importa, que es la quema y la destrucción de los lugares quemados, entre ellos, gran parte del Bosque Seco Chiquitano, único en el mundo, o de parques nacionales como el Ñembi Guasu, que es el área protegida más joven del país (EL DEBER 28/08/19), del que se han quemado “187.800 hectáreas y que arde desde el 9 de agosto”, dejando el fuego a su paso “más de 100 kilómetros de devastación”. ¡100 kilómetros “de un saque”!, como decimos los cambas. Eso tiene que tener una lectura y mirada diferente.

Ahí hay (espero sigan vivos) ayoreos no contactados y varias estancias ganaderas. Mi pregunta es: ¿esos 100 kilómetros devastados por el fuego se los trabaja y restaura desde la declaratoria de “emergencia” o de la declaratoria de “desastre”?

Piensen antes de contestar los del Gobierno. Son dos categorías diferentes: emergencia es una situación de momento; desastre genera otra situación y necesita, de ser posible, la participación del mundo entero; estamos hablando de trabajar por largo tiempo, con cooperación internacional, con científicos, con biólogos, con gente especializada en restauración, en algunos casos con reforestación; de manera que no es lo mismo ni es igual (contrario a lo que cantaba Silvio)

El desastre nacional compromete a más, claro, pero también importa la inversión del Estado en las áreas que, parecen no ser de mucho interés del Gobierno, porque los ayoreos y los animales no votan. O lo que puede ser aún peor, a lo mejor no pueden poner plata (para que la manejen municipios y gobierno departamental) porque el Estado no tiene plata y no quieren quedar en evidencia.

El desastre nos ayudará a decirle al mundo que la pérdida en Bolivia es Amazónica; es decir, parte de ese pulmón que Europa y Norte América están decididos a colaborar para su restauración, conscientes de su valor. Es así que, esa cosa de “contar focos”, está bien para las estadísticas y la emergencia, pero trabajar daños y mitigar lo más posible es un asunto de la declaratoria de desastre, que hace que el mundo se comprometa, por salud propia, por la humanidad.

La conclusión del tema es clara y difícilmente se la pueda debatir desde la racionalidad. Claro, lo que menos encontramos en el poder es racionalidad, de manera que ahí están, agazapados esperando las primeras lluvias para sacar los cuadernos y comenzar la repartición de tierras. Así se mueve el poder; así se jode el país.

Nota: el jueves, el presidente dijo que la Chiquitanía ya es una zona de desastre, nada raro que se abra el “desastre nacional”.